El riesgo de la pseudoidentidad en tiempos de inmediatez
En la sociedad actual, marcada por la velocidad, el consumo y la exaltación del “yo”, asistimos a un fenómeno cada vez más presente en la clínica: personas, especialmente jóvenes, que llegan con identidades adoptadas más por presión del entorno que por elaboración interna. Esta forma de definirse, sin tiempo ni acompañamiento, es lo que en el campo de la psicoterapia se reconoce como pseudoidentidad.
Según el artículo «Más allá de la tradición» (Olabarría et al., 2025), la pseudoidentidad surge cuando el deseo se sustituye por demandas del contexto: una identidad “elegida” no por comprensión, sino por la necesidad de pertenecer, destacar o evitar la angustia de la indefinición. Este fenómeno está íntimamente relacionado con las transformaciones sociales del capitalismo tardío. Como afirma Eva Illouz en su libro El fin del amor, las emociones se han mercantilizado. Amar, identificarse, decidir, se han vuelto acciones rápidas, visibles y validadas por el mercado y las redes sociales.
¿Qué es una pseudoidentidad?
En este contexto, la identidad se transforma en un objeto de consumo. Elegir “quién soy” parece una tarea tan sencilla como cambiar de estilo de ropa. Pero el deseo no se elige conscientemente: se construye simbólicamente en la relación con el otro.
La pseudoidentidad, entonces, responde a una urgencia: definirse, tener una posición clara, ser alguien para los demás. Y cuanto más rápidamente se adopta una identidad, menos espacio hay para el deseo propio.
Uno de los ámbitos donde esto se vuelve más sensible es en la identidad de género. El artículo de Olabarría et al. advierte que en algunos casos se está delegando en niños y adolescentes la responsabilidad de tomar decisiones que aún no están en condiciones de asumir.
Crianza, deseo y contexto
La aceleración de los procesos identitarios puede esconder una forma de sufrimiento psíquico. La demanda de ser alguien claro, definido, visible, puede sofocar la posibilidad de dudar, de cambiar de opinión, de equivocarse.
Desde la psicoterapia relacional, entendemos que acompañar no es imponer ni validar automáticamente, sino sostener. Es permitir el despliegue del deseo propio, ese que no está dado de antemano.
Autores como Massimo Recalcati (asociación psicoanalítica argentina) han señalado que el deseo no es algo que se elige, sino algo que se construye en relación. También Alice Miller, en El drama del niño dotado, advertía que muchos niños desarrollan falsos self para complacer a sus padres o sobrevivir emocionalmente.
La pseudoidentidad puede ser entendida como una defensa: un intento de preservar el lazo social en un mundo que no ofrece contención. Pero si esa defensa se cristaliza, aparece el malestar, la angustia, la sensación de vacío.
¿Cómo acompañar sin imponer ni abandonar?
La identidad no se elige como un producto. Se construye en el tiempo, en la palabra y en el cuerpo. Y en ese proceso, la psicoterapia tiene un rol crucial: ayudar a diferenciar entre el deseo verdadero y la demanda externa.
Desde nuestra práctica clínica proponemos:
Acompañar procesos de identidad sin apresurarlos.
Fomentar una escucha empática, sin validar ni rechazar de forma automática.
Crear marcos de contención que permitan sostener la ambigüedad.
Trabajar con las familias para recuperar la función simbólica del adulto como guía y sostén.
Para ampliar esta reflexión recomendamos:
Illouz, E. (2020). El fin del amor. Katz Editores.
Entrevista a la autora: «Tinder: El impacto del consumismo en el amor«.
Miller, A. (1979). El drama del niño dotado. Tusquets. (Re-edición de 2020)
Olabarría et a. (2025). Más allá de la tradición: Cambios en la configuración de la pareja y desafios para la crianza en el Siglo XXI. Una mirada sistémica. Clínica e investigación relacional, 19 (1). 99-111. Comentario del artículo en esta entrada del blog.
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