
El verano tiene esa magia: todo parece más fácil, más intenso, más posible. Es la época en la que más personas empiezan a soñarse mutuamente. No es todavía amor, sino el principio de una historia compartida. En esos primeros encuentros, cada uno se convierte en el espejo donde el otro ve lo mejor de sí, un lugar donde las inseguridades se disuelven y uno se siente más grande de lo habitual.
Rafael Manrique lo describe como una ficción necesaria: una historia que ambos construyen, sin saberlo, para encontrarse. 🌞
Dos momentos de un mismo verano 🌊
Manrique (2009) distingue dos grandes momentos en el proceso amoroso, y el verano suele ser el escenario perfecto del primero: una fase subjetiva, en la que el enamoramiento se vive como una experiencia interna, de entusiasmo y euforia —esa sensación de expansión que llega cuando alguien nos gusta de verdad—; y una fase intersubjetiva, que suele llegar después, cuando el encuentro empieza a construirse entre los dos. Es el paso de enamorarse a estar en pareja de verdad: del ideal al diálogo, del reflejo al reconocimiento mutuo.
El enamoramiento no es, entonces, algo que ocurre solo dentro de nosotros, sino una zona intermedia, algo que cobra vida entre los dos. Como señala Jessica Benjamin (1998), el deseo se convierte en reconocimiento cuando dejamos de ver al otro como alguien a quien idealizar y empezamos a verlo como alguien que también desea y siente. En esas primeras semanas —tan típicas del verano—, las diferencias se disimulan, todo parece encajar, y la promesa del amor parece no tener límites.
El caso de Ana y Darío 💬
«Ya no sentimos lo mismo. Antes era fácil. Ahora todo es esfuerzo.»
Ana y Darío se conocieron un verano. Tres veranos después, llegaron a consulta diciendo esto.
Lo que llamaban «amor» había sido, en realidad, una perfecta sincronía de verano: ambos se habían imaginado una versión luminosa del otro, esa que aparece bajo el sol y con tiempo libre de sobra. Darío admiraba la calma y la sensibilidad de Ana; ella veía en él la fuerza y la decisión que a veces sentía que le faltaban. El enamoramiento fue, en ese sentido, una historia escrita entre los dos, sostenida por la ilusión y el deseo mutuo de sentirse completos.
Durante la primera fase, la subjetiva, ambos vivieron el amor como algo que los hacía sentir más plenos. El otro funcionaba como chispa de vitalidad, espejo idealizado, promesa de felicidad. Pero, como suele pasar cuando termina el verano y vuelve la rutina, empezaron a aparecer los matices: los gestos que no encajaban con lo que habían imaginado, las palabras que ya no confirmaban esa imagen inicial. Así se abrió paso la segunda fase: la intersubjetiva, donde ya no basta con sentir mariposas, sino que hay que construir día a día.
Ana se sintió agobiada por la necesidad de control de Darío; él, en cambio, empezó a vivir su silencio como falta de interés. En palabras de Manrique, «el enamoramiento muere cuando la ficción deja de sostener el guion compartido» (Manrique, 2009). En ese punto, la relación se enfrenta a una encrucijada: o bien se aferran a la nostalgia de aquel primer verano, o bien aprenden a escribir una historia nueva, con otro lenguaje.
Durante las sesiones de terapia de pareja, Ana y Darío empezaron a entender que lo que sentían como «fin» era también el inicio de otro tipo de encuentro, más real, aunque menos previsible. Aprendieron a nombrar sus diferencias no como amenazas, sino como oportunidades para conocerse mejor. Donde antes buscaban parecerse en todo, empezó a abrirse paso la posibilidad del diálogo. En palabras de Benjamin, «el amor comienza cuando el otro puede ser otro sin dejar de ser amado» (Benjamin, 1998). 🤝
Las tres fases del enamoramiento 🔄
Manrique (2009) distingue tres momentos que no son lineales, sino que se entrelazan una y otra vez, como las estaciones
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La idealización
Ese subidón inicial en el que cada uno se enamora también de la mirada del otro; las diferencias se disuelven en un espejo de fascinación mutua.
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La desilusión
El otro se muestra tal cual es y se rompe la ilusión de haber encontrado a la persona perfecta. Muchas relaciones se acaban aquí: no por falta de amor, sino porque cuesta sostener la diferencia.
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El reconocimiento
La relación puede reinventarse. Si el enamoramiento fue un sueño compartido, el amor que perdura es una realidad construida entre los dos, más habitable.
Byung-Chul Han (2012) recordaría que la cultura actual, obsesionada con contarlo todo y con la inmediatez, ha perdido la capacidad de disfrutar del misterio del otro. El enamoramiento, en cambio, se alimenta precisamente de esa parte que no se conoce del todo: necesita del misterio, de lo que aún no se sabe. Se apaga cuando ya no queda nada por descubrir, cuando la diferencia se vive como amenaza en lugar de curiosidad.
El amor que sobrevive al final del verano ☀️
Ana y Darío no «recuperaron el enamoramiento» de aquel primer verano. Lo transformaron. Descubrieron que amar no era volver a la magia inicial, sino aprender a recrear el vínculo también cuando la magia se desvanece. La ilusión de los primeros encuentros dejó paso a una nueva forma de cariño: menos espectacular, pero mucho más recíproca.
No hay amor sin pérdida, ni encuentro sin cambio. Lo que llamamos «el fin del enamoramiento» es, quizás, el comienzo de una relación más real, donde la fantasía de haber encontrado a la persona perfecta da paso a la posibilidad de convivir con las diferencias.
El enamoramiento, decía Manrique (2009), no es una mentira, sino una ficción que busca volverse verdad. La tarea del amor consiste en sostener esa búsqueda, una y otra vez, con la paciencia de quien acepta que toda relación de pareja es una forma de creación continua, dure lo que dure el buen tiempo. En Espacio Relacional, este acompañamiento es precisamente el trabajo que hacemos en terapia de pareja en Jerez: ayudar a sostener ese proceso, sesión a sesión, también cuando termina el verano. 🌱

Tarde de verano en la playa de Skagen (Krøyer, 1899)
Referencias
- Benjamin, J. (1998). Los lazos del amor: Psicoanálisis, feminismo y el problema de la dominación. Paidós.
- Han, B.-C. (2012). La agonía del Eros. Herder.
- Manrique, R. (2009). Amor, desamor y otras cuestiones de pareja. Editorial CCS.
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